Niños cansados, pálidos y ojerosos

El mal color en los niños es un fiel reflejo de que hay algo que no está bien en él. Y la palidez debe ser siempre motivo de consulta médica.

Sin dudas, el rostro de nuestros hijos es un reflejo de su salud. El color de la piel suele tener de manera general un tono rosado; pero este varía de unos niños a otros dependiendo del espesor del tegumento, de la cantidad de pigmento que haya en su epidermis, y además de la cantidad y de la calidad de la sangre que circule por los capilares de la zona más superficial de la piel.

Muchas madres, acuden angustiadas al pediatra simplemente porque su hijo no tiene buen aspecto respecto del que tiene habitualmente, lo ven pálido y cansado. Normalmente, esta palidez es de carácter familiar y racial, siendo más frecuente en las zonas del norte y más aún en las niñas que en los varones. Ahora bien, esto no significa que exista enfermedad alguna, es más, aunque surjan áreas totalmente blancas o tanto la piel como el cabello carezcan de color, el estado general puede ser perfectamente saludable.

A parte de la pigmentación natural, existen alteraciones que provocan el mal color. Una de ellas es el edema -aumento de espesor de la piel producido por acumulación de líquido en el tejido celular subcutáneo-. De esta forma, al engrosar la piel, la sangre transparenta menos y el niño adquiere un preocupante color blanco. Las enfermedades que producen edema en edades tempranas son importantes, pues se trata de procesos crónicos de hígado, riñón, corazón, o bien si el niño es muy pequeño, la disminución de las hormonas tiroideas -hablamos entonces de hipotiroidismo-.

Otras veces en cambio, la palidez se presenta de forma súbita. La causa más común de esto es la contracción de los capilares superficiales de la piel que se cierran y apenas dejan pasar la sangre. Esto puede estar provocado por un susto, una emoción, un dolor muy agudo, una intoxicación, o bien un shock.

Pero lo que normalmente piensan las madres cuando sus hijos están pálidos, es que tienen anemia, y raramente se equivocan. En este caso, la sangre que pasa por los capilares tiene poco color debido a que lleva menos glóbulos rojos o hemoglobina -pigmento que le da color a la sangre-. Un signo que revela la anemia es que la palidez se ve también en las mucosas y encías; y además, las conjuntivas tienen un color mucho más claro que habitualmente.

Lo primero que hay que hacer en estos casos, es consultar lo antes posible con el especialista, quien muy probablemente pedirá un análisis de sangre para saber la cantidad de glóbulos rojos que hay en la sangre del pequeño. Y si la cifra es baja, deberá descubrir la causa de la anemia. Muchas veces es consecuencia de la pérdida del apetito, de una alimentación desequilibrada, o de la convalecencia de una enfermedad infecciosa. Hay que tener cuidado, ya que también puede deberse a motivos más serios como por ejemplo la pérdida de sangre por las encías, las heces o la orina.

Por todo esto, es importante tener presente que solamente el pediatra podrá diagnosticar de que clase de anemia se trata, cuáles son sus causas y entonces, cómo combatirla.


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